domingo, 21 de octubre de 2012

Juan Carlos Palma - Bancos de niebla

La tercera novela de Juan Carlos Palma, Bancos de niebla (Paréntesis, 2010), supone un intento de crear una novela imposible, por paradójico que suene. ¿Podemos contar de manera exhaustiva, sin caer en la saturación, todos los pormenores que formaron la vida de una persona? Resulta especialmente difícil si esa persona fue un amigo de la infancia de carácter solitario, a quien le costaba abrirse al mundo. 

La inesperada noticia de la muerte de Mario Galván y la herencia de seis casetes en los que guardara sus mayores confesiones sirven de punto de partida para los recuerdos de Andrés, amigo de la infancia de aquel chico tímido y aislado de la sociedad sobre quien llovían los insultos y las inseguridades. Con intención de imaginar cómo fue en realidad su infancia y adolescencia, Andrés trata de escribir una novela en base a las grabaciones de esas cintas de casete en las que un triste Mario habla largo y tendido sobre sus más ocultas preocupaciones, dudas que no se atrevía a resolver por falta de valor. Y a partir de esas largas tardes en las que simulaba estudiar mientras grababa las cintas, Andrés intenta reconstruir los hechos que lo llevaron al suicidio. 

Como sucede con la muerte de todos los seres queridos, el narrador trata de darse a sí mismo una explicación a los hechos irremediables aunque eso no sirva para superar el mal trago. Así lo dice en una ocasión: «con esta colección deshilvanada de pensamientos, sensaciones y recuerdos sólo pretendo acercarme a él un poco más, hallar alguna respuesta que no disminuirá el dolor pero que lo volverá más comprensible». Entender el dolor aunque no disminuya sólo sirve para revivir la tristeza, pero la memoria es traicionera y sólo nos permite entrever algunas imágenes difusas como bancos de niebla.

En esta novela se plantean muchas cuestiones no sólo sobre la vida real, sino sobre la ficción: cómo se compaginan ambos mundos, cómo superar la realidad a partir de la ficción, cómo desarrollar una narración de la que sólo podemos encontrar retazos en nuestros recuerdos. Todo ello con una prosa que en ocasiones logra páginas de verdadera belleza, lo que sumado a su brevedad y al tono elegíaco que rige estas poco más de cien páginas, hace de Bancos de niebla un monumento apreciable desde muchos puntos de vista.